Prerivid

Problemas y oportunidades

La actividad vitivinícola representa un sector estratégico para la economía española. La viticultura, la elaboración del vino, y su comercialización, generó en España un valor añadido bruto (VAB) superior a los 23.700 millones €. Este valor supone el 2,2 % del PIB, convirtiéndolo en un sector de extraordinaria relevancia. España es, además, una potencia dentro del sector vitivinícola situándose a la cabeza mundial en cuanto a extensión de viñedo —contando con 955.000 hectáreas, que suponen el 28,9% de la superficie de viñedos de Europa y el 13% de la superficie mundial— y es el tercer productor de vino del mundo con un volumen estimado de 35,7 millones de hectolitros durante el año 2022. Por estas razones, el cambio climático supone una gran amenaza para el sector vitivinícola, y, por extensión, para la economía española.

El cambio climático contempla un aumento de las temperaturas y una reducción de las precipitaciones. Los escenarios de cambio climático elaborados por AEMET, proyectan aumentos de la temperatura máxima media de entre 2 y 6,4 ºC, siendo más acusados en verano. También se espera una tendencia similar en el aumento de las temperaturas mínimas medias, así como una disminución del número anual de heladas. Se espera también una paulatina reducción de las precipitaciones totales anuales, pudiendo alcanzarse, en 2100, valores hasta un 20 % inferiores a los actuales, incrementándose la duración de los periodos secos y reduciéndose el número de días de lluvia. Estos cambios contribuyen a aumentar el estrés hídrico y los daños por eventos extremos poniendo en riesgo la producción de uva y vino.

El cambio climático también aumentará el riesgo de desertificación. Según la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CLD), las zonas más susceptibles de sufrir desertificación son las que pertenecen a las categorías de áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas por lo que dos tercios de la geografía española podrían encontrarse en riesgo de desertificación. Además, una comparación entre los mapas de riesgo de desertificación y la localización de las Denominaciones de Origen de los vinos en España, sugiere que una importante proporción del área dedicada a viñedos se encuentra en zonas de riesgo de desertificación.

El cambio climático también contribuye al desplazamiento de las estaciones. El informe “Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España” del ministerio para la transición ecológica y el reto demográfico revela que otro de los principales impactos del cambio climático son los cambios fenológicos asociados al desplazamiento de las estaciones. Además, el informe detalla que ya existen evidencias constatadas del “cambio fenológico en algunas especies frutales de hueso y en los cítricos en España debido al avance de las temperaturas primaverales y la falta de días fríos. Asimismo, los viticultores han constatado un adelanto de la fecha de maduración de la uva. Estos cambios tienen efectos en la calidad de las cosechas o en la competitividad del cultivo de estación temprana”. 

Además, el informe anteriormente citado identifica un conjunto de 73 riesgos, que han sido catalogados en función de su urgencia, entendiendo urgencia como la necesidad de abordar acciones a corto plazo y de dar prioridad a las investigaciones y desarrollos relacionados:

  • Riesgo de reducción de los caudales de los ríos o cambios en sus patrones estacionales.

  • Riesgo de reducción de la disponibilidad de recursos hídricos para usos agrícolas e industriales.

  • Riesgo de incremento de la eutrofización y/o deterioro de la calidad del agua.

  • Riesgo de aumento de la superficie de zonas áridas y semiáridas por desertificación.

  • Riesgos derivados de los cambios en la fenología de las especies vegetales (aparición de hojas y fructificación) y que pueden provocar el desacoplamiento entre los ciclos biológicos de especies interdependientes incluyendo especies animales.

  • Riesgo del incremento de las afecciones a los ciclos de cultivos y modificación/reducción en la producción a consecuencia de la variación de la estacionalidad de la actividad hortícola.

  • Riesgo de disminución del rendimiento de especies herbáceas, en especial de regadío, por limitaciones en el riego.

  • Riesgo de pérdida de explotaciones por pérdidas de producción y aumento de precio de insumos.

Para hacer frente a los retos y amenazadas que presenta el cambio climático, el proyecto PRERIVID, pretende desarrollar una herramienta de gestión de riego que integre datos medidos a “pie de parcela” —relacionados con la planta, el suelo, y la meteorología— junto con la climatología global y las necesidades de riego a lo largo de todo el año, así como datos sobre prácticas agrarias con un impacto en el consumo del agua. Así, PRERIVID contribuirá a crear una viticultura más sostenible y mejorará la competitividad del sector en un contexto de escasez de agua, ya que prevé un ahorro de entre el 15 y el 20% de los recursos hídricos.